Su cuerpo convulsionado por el dolor ya le resultaba intolerable….
Debía terminar con todo si quería volver a respirar.
Un tiro certero sería suficiente, no debía errar.
La vio acercarse, pero casi no la reconoció. Tan cambiada estaba, la luz de su mirada, antes de fuego ahora era un gris ceniza, al igual que su piel. La recordaba sonriente y plena como el sol de la mañana. La recordaba fresca y limpia como esa lluvia de otoño. En su sorpresa ante la imagen no percibió la única fuerza que la mantenía aún de pie. Si lo hubiera hecho, su destino no se habría sellado de esa forma. Pero el percibir su aroma a jazmines hundió más profundamente el puñal del dolor. Su cabeza explotó en heridas y todas las suturas cedieron.
Levantó el arma empuñada y con toda la furia contenida su dedo jaló el gatillo sin misericordia. Gatilló una, dos, tres, cuatro veces y la sangre tiñó todo de rojo….
Ella sólo cayó despedida hacia atrás.
Así sin más.
Tan simple.
Se acercó observando ese cuerpo inerte, que alguna vez había amado. Una sonrisa dibujada en ese rostro pleno de una mirada de fuego fue lo último que vio.
2 comentarios:
Qué regreso mamucha, qué regreso!
Sensacional!
Gracias por la re-bienvenida, nena!
Abrazo
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